PARQUE NACIONAL
de los PICOS DE EUROPA

(RESERVA de la BIOSFERA)

Los Picos de Europa son una formación montañosa enclavada en el macizo asturiano en el norte de España, aunque no muy extensa, sí es pródiga en accidentes geográficos de gran interés.
Esta formación caliza se extiende por Asturias, Cantabria y Castilla y León y en ella destacan sus alturas, en muchos casos por encima de los 2.500 metros, por lo cerca que se encuentran del mar Cantábrico, pues en su punto más septentrional apenas se distancian 15 kilómetros del mar. Geográficamente los Picos de Europa se encuentran en la línea de la Cordillera Cantábrica, si bien son considerados como una unidad independiente de ésta por su formación más reciente.
Los Picos de Europa están divididos en tres macizos. El Occidental o Cornión, el Central o de los Urrieles y el Oriental o de Ándara.
Las mayores alturas se encuentran en el Central, que pasa por ser el más agreste de los tres, pues catorce de sus cimas superan los 2.600 metros de altitud, con el Torrecerredo, de 2.648 metros, como techo de estas montañas y de toda la Península Ibérica hasta los Pirineos y Sierra Nevada. No se puede hablar de este Macizo sin mencionar al Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes, indiscutible rey estas montañas y de todas las que jalonan la geografía hispana, pues además es la cuna del alpinismo español. Fue conquistado por primera vez en 1905 por Pedro Pidal, Marques de Villaviciosa y su compañero de cordada Gregorio Pérez Demaría, El Cainejo, y desde entonces su aura de leyenda no ha hecho más que crecer.
En el Macizo Occidental o Cornión, llamado así por la forma de cuerno que ofrece su silueta al ser avistado desde el oeste, destaca sobremanera la Peña Santa, que con sus 2.596 metros de altitud supera en 110 a la siguiente cima de este Macizo, la Torre de Santa María o Torre Santa de Enol. Por estas dos montañas, la Peña Santa y la Torre Santa, este Macizo es también conocido como el de las Peñas Santas.
El Macizo Oriental, también llamado de Ándara por estar en él el circo del mismo nombre, es el más modesto de los tres, tanto en alturas (su techo, la Morra de Lechugales, alcanza los 2.444 metros de altitud) como en verticalidades.

Estas montañas de gran importancia histórica no tienen, sin embargo, muy definido el origen de su nombre, Picos de Europa. Escenario de la resistencia de astures y cántabros contra el Imperio Romano y posteriormente, en los inicios del siglo VIII, cuna de la Reconquista, fueron llamados Mons Vindius por los primeros romanos que se adentraron en ellos. También hay denominaciones dadas por los historiadores musulmanes y otras acuñadas en la Alta Edad Media, como el Monte Auseva en Covadonga.
Sin embargo la denominación «de Europa» no aparece hasta el siglo XVI. La primera constancia que se tiene de su uso es por parte del capellán italiano Lucio Marineo Sículo, cronista de la corte de Fernando el Católico. Esta denominación, ya sea acompañada de «peñas» o «montes» se seguirá utilizando en siglos sucesivos, siendo a partir del XIX cuando la denominación Picos de Europa pasa a ser comúnmente aceptada.
La teoría más extendida del por qué estas formaciones calizas recibieron ese nombre se basa en que lo primero que de Europa veían los navegantes que venían por el Cantábrico desde el norte eran estas montañas. Sin embargo, muchos estudiosos como Pedro Pidal o el conde de Saint-Saud nunca secundaron esta teoría y se basaban en razones diversas, como que dichos marineros podrían ver antes otros puntos de la Cordillera Cantábrica o que, debido a las condiciones climatológicas de la zona, los Picos de Europa estaban constantemente envueltos en niebla, lo que hacía imposible su visión desde el mar.
Explicaciones alternativas sugieren que la denominación viene por la sorpresa que para los visitantes de la península suponía encontrar unos montes tan verticales en los confines de Europa, o que fue acuñada por los peregrinos centroeuropeos a Santiago, que habrían denominado así a estas montañas por su parecido con los Alpes.
Se puede concluir, por tanto, que la teoría inicialmente expuesta, la de los navegantes, se considera válida a falta de otra que explique mejor el origen del nombre de Picos de Europa.
Sirva también como apunte el indicar que para las gentes de las tierras donde se encuentran los Picos de Europa, éstos son, simplemente, Los Picos.

Si bien los Picos de Europa se encuentran en la línea que forma la Cordillera Cantábrica, es necesario diferenciarlos de ésta por su formación más reciente. Mientras que la Cordillera está constituida por materiales del Paleozoico (con una antigüedad estimada de entre 300 y 600 millones de años), los Picos de Europa esperaron hasta los últimos capítulos de esta era, al Paleozoico Superior y más concretamente a lo que se dio en llamar la Orogenia Hercínica, para ser arrancados de la tierra en forma monumentales moles calizas.
Los materiales que componen estas montañas pertenecen, dentro de la Orogenia Hercínica, a las edades Dinantiense, Namuriense y Westfaliense y tienen una antigüedad que oscila entre los 250 y los 300 millones de años. Posteriormente los efectos de la erosión y la glaciación en el Cuaternario han ido modelando los Picos hasta darles el aspecto que presentan en la actualidad. Esa erosión, que tanto efecto que tiene en la caliza, es lo que genera los característicos campos de lapiaz y los canalizos de las paredes. El carácter kárstico del paisaje de Picos es lo que hace que el agua procedente de las precipitaciones se filtre rápidamente al subsuelo y circule subterráneamente hasta emanar fuera de los macizos.
Aunque durante el Cuaternario los glaciares eran algo común en Picos de Europa y llegaban a altitudes muy bajas (por debajo de los mil metros), hoy en día no se conservan glaciares en estas montañas, si bien sí se puede destacar la presencia de múltiples neveros, como el nevero del Jou Negro a los pies de Torrecerredo o Cemba Vieya, en Peña Santa de Enol.

 

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CRISTOBAL POYATO
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