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Rodeado casi en su totalidad por este municipio y abierto por un estrecho corredor al Valle del Guadalhorce. En el entorno de Valle de Abdalajís tiene un gran protagonismo la sierra que recibe su nombre y que actúa como impresionante telón de fondo calizo, formado en el periodo Jurásico, de las casas blancas que se extienden a sus pies.
En la vertiente opuesta, el paisaje está formado por un relieve más suave, de lomas y ondulaciones cubiertas de olivares y cereales. Entre las lomas y la sierra se abre paso el Arroyo de las Piedras, que desemboca en el Río Guadalhorce y avisa de la cercanía del Valle del Guadalhorce.
La situación de este pequeño valle entre las tierras del Guadalhorce, vía de comunicación hacia el mar y la ciudad de Málaga, y las tierras de Antequera, entre la Alta y la Baja Andalucía, le convierten en un paso importante a lo largo de la historia. Una historia que aunque tuvo antecedentes muy remotos, como lo demuestran los numerosos vestigios encontrados en la zona, tiene sus primeras páginas notables en la época íbera.
Su extraña orografía le dota de inmejorables condiciones para la práctica de algunos deportes de riesgo: parapente, aladelta, escalada, etc., y otros no tan arriesgados como el senderismo y los paseos en bicicleta o a caballo, con unos paisajes dignos de admirar.
Como dice un eslogan del pueblo, se trata de "un lugar para perderse". Por estar al pie de un gran macizo rocoso, siempre tuvo innumerables manantiales que regaban un fértil valle, que lleva su nombre, aunque en la actualidad han desaparecido la mayoría de estos manantiales, destrozados por unos túneles para la línea de AVE Córdoba-Málaga que atraviesan la sierra.
Tiene una población de 3.081
El nombre actual del pueblo parece ser que viene de su fundador Abd-el-Aziz, hijo de Muza, lo que situaría su origen árabe en los primeros años de la presencia de este pueblo en la península, pero apenas si se conocen datos de dicha época. Por el contrario los orígenes del pueblo actual parece que hay que buscarlos en el siglo XVI, cuando sus terrenos fueron cedidos como señorío por Felipe II a D. Alfonso Pérez de Padilla, en cuya familia pertenecieron hasta el siglo XIX. |
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