Llegamos a Nerja y la cruzamos hasta llegar a la última rotonda la cogemos y giramos sentido nuestra marcha a la iz. Seguimos de frente y al final de dicha calle nos dirigimos por el camino de bajada en dirección al cauce del río, pasando bajo la autovía.
Continuamos por el cauce por un carril que a veces es el mismo cauce, pasamos junto a una planta de hormigón, un poco más adelante ya nos encontramos en el cauce del río.
Conforme avanzamos se nos van mostrando las agrestes cimas de la sierra Tejeda y Almijara las cuales nos van sorprendiendo por su dureza y extrema erosión, conformando barrancos y paredes de una plomada espectacular y de caidas de más de 1.000 metros como el tajo Almendrón.
Entre estos barrancos de tierra caliza se alzan bosques de pinos, la mayoría carrascos y pinaster, los cuales dan un toque especial al paisaje, fundiendo verdes y roca en un solo lienzo.
A lo largo de esta ruta nos encontramos con los cahorros del río Chíllar, paredes de más de 20 metros de altura, horadadas en la piedra caliza por el constante fluir del río, el cual va creando una enorme cicatriz y en algunos puntos de este paraje podemos tocar con ambas manos las paredes que separan el cauce de sus aguas, llegando las grandes cañadas que conforman este río a separarse por unos escasos 2 metros.
A partir de aquí la senda se hace progresivamente más difícil. Entre dos horas y media y tres de continua subida, se suceden y se intercalan zonas cómodas, con otras de grandes piedras, pequeños torrentes y mini-cascadas, con pasos algo más dificultosos y sobre todo resbaladizos, pero que hacen el paisaje más agreste, salvaje y hermoso. Todo el recorrido lo hacemos por el río, refrescándonos en las distintas pozas que hay a lo largo del recorrido.
Sin duda un paraje de incomparable belleza y de espectaculares formaciones rocosas.
F O T O G R A F I A
CRISTOBAL POYATO
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