Desde Valdepeñas se sigue la carretera a Jaén. Pasada la gasolinera y un puente, arranca a la derecha un carril asfaltado que sube al puerto de las Coberteras, punto de partida de la excursión. En la misma explanada del collado nacen dos carriles, el del lado izquierdo acaba en pocos metros en el cortijo Nuevo. Justo detrás de un abrevadero empieza la senda del Puerto de la Nava, una olvidada vereda que los ganaderos de la zona pisan desde hace siglos. El primer tramo de subida discurre debajo de los verticales farallones de la sierra de La Pandera, a través de un tupido bosque de chaparros y matorral mediterráneo. Más adelante el arbolado da paso a una vegetación rala y espinosa continuando por una vereda empedrada que se retuerce por la abrupta y áspera ladera, hasta alcanzar un altozano donde termina bruscamente con una encina ejemplar (1 hora y 15 minutos). La altura ganada ya permite disfrutar de unas espléndidas panorámicas sobre el embalse del Quiebrajano y las montañas que lo rodean.
Después de una paradita, seguimos hasta el mismo Puerto de La Nava, a unos 20 minutos. Primero es necesario descender al fondo de una hondonada, donde se ubica un abrevadero hecho de piedra. A continuación se sube a través de un bosque de pinos entremezclados con alguna que otra añosa encina, hasta encontrar el punto más alto de un calvero, refugio escondido del jabalí que campa aquí a su antojo. Un paisaje de apariencia tópica pero de esencia singular.
Para completar y de forma voluntaria nos dirigimos por una vaguada pedregosa, de fuerte desnivel, al collado entre La Pandera y Peña del Altar, final de la ruta (3 horas y 10 minutos). Desde este lugar, donde se encuentra un refugio, y de otros puntos a lo largo de toda la subida tuvimos unas vistas impresionantes de Sierra Nevada, Sierra Mágina, la Subbética Cordobesa, Embalse del Quiebrajano, etc.
De vuelta al Puerto de las Navas, el grupo decide no regresar por el mismo camino (¿porque será?) y aventurarse por la bajada del Puerto de la Hoya, hacia la aldea de los Villares, por una vereda zigzagueante y espectacular que discurre por el barranco del Riofrío, con una exuberante y variada vegetación, donde destaca un frondoso pinar. Y terminando después de 900 metros de bajada y 14 kilómetros, entre olivares y cultivos, ya en una zona humanizada denominada Retiro de Pancorbo. (5 horas y 20 minutos).