RUTA DE CASTRO. PR. AS-13
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Perfil de alturas
Mapa de la ruta

Comienza la ruta en el área recreativa de la Malva, situada junto a la carretera AS-227, a medio camino entre Castro y Pola de Somiedo, y desde donde se disfruta de una hermosa panorámica de la entrada del Valle de Somiedo.

A unos cien metros del aparcamiento, en dirección a La Pola, arranca un camino de la margen derecha de la carretera. Se trata de una senda, el antiguo camino real de La Pola, que por terrenos calizos asciende en dirección norte, pegada a la peña y pasa por encima de los túneles de la carretera. Durante el primer tramo se transita por zonas de matorral y pastizales en los que dominan la aulaga, la escoba negra y el brezo. Esta vegetación es sustituida enseguida por encinares, vegetación relíctica testimonio vivo de eras de menores precipitaciones. Instalado en zonas de solana y sobre suelos someros, este tipo de bosque alterna durante casi todo el recorrido con bosques caducifolios, de fresnos, arces, tilos y avellanos que ocupan las vaguadas, donde el suelo es más profundo.

Colgado de farallones rocosos, el camino continúa en suave ascenso hacia la cueva de la Malva. Antes de llegar a ella un cartel anuncia el final del Área Forestal de la Malva. Es aconsejable perder unos minutos paseando entre los árboles que lo habitan y leyendo los carteles informativos que los identifican y caracterizan. De nuevo sobre la ruta, se puede realizar una parada en el paredón umbrío de la Cueva de la Malva para beber agua de la fuente que mana a sus pies y contemplar, en la ladera opuesta, la Sierra de la Llampaza y los picos del Gurugú y Cueva de Moros, así como los bosques que visten sus laderas. En estas zonas húmedas y sombrías puede verse la grasilla (Pinguicola), planta carnívora cuyas pegajosas hojas basales capturan pequeños insectos que complementan su alimentación. Debajo del camino, junto al río, se encuentra el embalse de la Malva y la Central Hidroeléctrica del mismo nombre, un edificio de primeros de siglo de gran belleza.

La senda continúa entre encinas, y en ocasiones quejigos, hasta alcanzar la cota máxima de la ruta, donde se avistan de manera repentina las praderías de la Braña de Campizos. Desde ellas, desciende el camino a través de un paisaje muy distinto, entre prados de diente y siega que son sustituidos al llegar a Castro por árboles frutales, con abundancia de nogales e higueras. El regreso puede realizarse por el mismo camino o por la carretera.

F O T O G R A F I A
CRISTOBAL POYATO

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